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La seguridad aérea en el siglo XXI, colummna de Rosario Avilés

Noviembre 4, 2015

Desde que el 11 de septiembre del 2001, cuando se usaron aeronaves para perpetrar ataques terroristas en territorio estadounidense, las cosas cambiaron absolutamente para la industria del transporte aéreo en el mundo.

Independientemente de que los índices de seguridad hoy en día sean significativamente altos, el hecho de que en las hostilidades de algunos extremistas se utilicen a las aeronaves como armas letales o como blancos de atentados, ha prendido alarmas en todos los sectores y como consecuencia las medidas de seguridad se han convertido en un martirio para los pasajeros.

El accidente ocurrido hace unos días en el Sinaí, donde un avión Airbus 321 de matrícula rusa se estrelló después de 23 minutos de vuelo, ha vuelto a poner en la palestra la necesidad de aislar a la aviación de los conflictos bélicos pues, aún sin adelantar las causas de este siniestro, es claro que se da en un contexto de hostilidades en una zona muy difícil.

Tan es así que ya algunas aerolíneas, como Lufthansa y Air France, que son las que en su mayoría mantienen la comunicación entre medio oriente y Europa, anunciaron que no volverán a sobrevolar este territorio perteneciente a Egipto hasta que se aclaren las razones del accidente donde perecieron 224 personas, entre pasajeros y tripulantes.

Y aunque –como se sabe- las causas del accidente serán determinadas después de un minucioso análisis, lo cierto es que en este mundo hipercomunicado, en este tipo de siniestros pesan mucho tanto la presión de los medios por saber cuáles fueron las probables causas de un accidente, como los comentarios en redes sociales.

En este caso específico, ya hubo un par de supuestos pronunciamientos de organizaciones extremistas, filiales de ISIS, para adjudicarse un atentado aunque esto no ha sido confirmado, pero el simple anuncio ha sido suficiente para revivir los temores de muchos pasajeros.

Es un hecho que la seguridad del transporte aéreo ha mejorado significativamente, pues la tasa de accidentes en el 2015 fue de 0.38 (un accidente por cada 2.6 millones de vuelos) e inferior al promedio de 0.45 de los últimos 5 años y la tasa de mortalidad y de pérdidas totales de los accidentes que se registran por fallas técnicas o humanas es mucho menor que en el pasado, pero esto no ocurre en el caso de atentados terroristas o bélicos.

En los últimos tiempos las cosas se han complicado en este rubro. Por un lado, está el caso del Boeing 777, vuelo MH17 de Malaysia que sobrevolaba el espacio aéreo de Ucrania, el cual –según confirmó recientemente el Consejo de Seguridad holandesa-, fue alcanzado por un misil de fabricación rusa. Por otra parte, es aún un misterio lo que haya ocurrido con el otro vuelo de Malaysia, el MH317, desaparecido en el Océano Indico.

Para las autoridades aeronáuticas de todos los países del orbe, la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) y la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), la máxima prioridad ha sido la seguridad para los aproximadamente 100,000 vuelos que cada día despegan y aterrizan en el mundo.

El trabajo que se está haciendo es arduo e implica mucha dedicación y voluntad de las aerolíneas y de los gobiernos. Pero el tema de los espacios aéreos en conflicto implica aún más: La aviación no puede ser rehén de posiciones políticas. Sería fatal para la industria.

E-mail: raviles_2@prodigy.net.mx; twitter: @charoaviles

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Fuente: Rosario Avilés para AeroLatinNews

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