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Cien Años de la Aviación

¡Vuelos más amenos!

31/07/2014

La aviación comercial nos ha abierto al mundo, a nosotros y a nuestras familias, pero la aviación viene acompañada de sus propios desafíos. A veces, los niños no quieren estar quietos durante el vuelo; o somos reacios a volar y nos mostramos un poco desagradables con la tripulación.

Por fortuna, hay muchas formas de paliar las desavenencias, tanto para estar mejor con uno mismo como con los que están a nuestro alrededor.

Merece la pena pararse a pensar un poco antes de elegir el día en el que queremos volar con nuestra familia. Volar por la tarde puede ser una buena elección si se viaja con niños, así, en el momento de subir al avión estos ya estarán cansados de corretear por ahí.

Además, por la tarde vuelan menos personas de negocios o que viajan solas, por lo que habrá menos probabilidades de sufrir el enfrentamiento con otros pasajeros debido al "choque cultural".

Cuando los niños son inquietos, es importante planificar actividades para el vuelo. Mientras los niños están entretenidos, se reduce la probabilidad de que molesten al resto de pasajeros, lo que facilita las relaciones a bordo.

Durante el despegue y el aterrizaje, los niños pueden estar entretenidos mirando por la ventana. Durante el vuelo, planificar una nueva actividad cada quince minutos es una buena oportunidad tanto para mantener la tranquilidad de los niños como para vencer el aburrimiento de los padres.

Cualquier actividad puede ser buena, desde leer su revista favorita hasta jugar a las cartas. En la era de los dispositivos móviles, un DVD portátil o cargar la tableta con algunas pelí­culas es una alternativa para que los niños estén entretenidos durante la mayor parte del vuelo.

Puede que no sean necesarias todas estas actividades, pero ¡más vale que sobre que no que falte!

Este pequeño truco para mantener ocupados a los niños puede hacer también maravillas a los pasajeros reacios a volar. El momento crítico para los pasajeros de todas las edades es el despegue y el aterrizaje. Cuando los pasajeros adultos se ponen nerviosos, su estado de inquietud puede influir en el comportamiento de sus hijos.

Los niños pueden además sufrir dolor de oídos por el cambio de presión. Así que, ¿qué podemos hacer para que el viaje sea más fácil?
Para los adultos existen multitud de soluciones, como técnicas sencillas de relajación o descargar alguna aplicación "•de las muchas que hay"• para combatir el estrés para smartphones.

Si todo lo anterior no es suficiente para reducir el estado de ansiedad durante el vuelo, no dude en pedir consejo a su médico. Volviendo a los niños, mantenerlos entretenidos será de gran ayuda. Además, darles un chupa-chups (preferiblemente sin azúcar) durante el despegue o el aterrizaje minimizará el riesgo de dolor de oídos por el cambio de presión. A los bebés se les puede dar un biberón con el mismo objetivo.

Estas son sólo algunas de las fórmulas para que volar sea una experiencia más agradable, tanto para nuestra familia como para los que nos rodean. Antes de que nos demos cuenta, estaremos disfrutando de nuestras vacaciones y preguntándonos ¡qué era eso que nos preocupaba!

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