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Aterrizar y despegar en medio de la turbulencia, un reto para la aviación

En el 2050 los aviones enfrentarán turbulencias más intensas y frecuentes debido al cambio climático. Así lo determinó un grupo de científicos británicos en el 2013. La investigación de la Royal Society británica y la Universidad de Reading, publicada en la revista Nature, calculó que para ese año la frecuencia de las turbulencias en los vuelos entre Europa y América del Norte se incrementará entre un 40 y un 170% y su intensidad aumentará entre un 10 y un 40%.

El estudio analizó solo las denominadas turbulencias de aire claro, que son difíciles de detectar con antelación por los pilotos y los satélites, y no las causadas por las tormentas, que también son probables que aumenten por el cambio climático. Para esto, los científicos desarrollaron modelos de simulación informática sobre cómo afectará el incremento de las emisiones de CO2. El espacio aéreo donde se realizó la investigación fue el Atlántico Norte, una zona que alrededor de 600 aviones cruzan cada día para conectar Europa y América del Norte. Por ello, a escala mundial se han desarrollado nuevas tecnologías para combatir los fuertes vientos y turbulencias. Por ejemplo, la tecnología denominada LIDAR permite determinar la distancia a la que se encuentra un objeto en el cielo y evitar los fuertes vientos.

Este proyecto fue desarrollado por científicos alemanes del Instituto DLR de Física de la Atmósfera. Su función es emitir un láser en la dirección del vuelo y detectar las masas de aire con antelación. Con esto, los pilotos pueden variar su ruta y evitarlas. Esta tecnología ya fue instalada en aviones pequeños como el Cessna Citation. En Ecuador también se registran avances en este campo. Iván Tulcán, director de navegación aérea de la Dirección General de Aviación Civil (DGAC), indica que los aeropuertos del país tienen sensores digitales y analógicos para cada una de las cabeceras de la pista en las cuales se mide la dirección, intensidad y variantes de los factores de los vientos.

Esta medición es útil para la tripulación, en especial cuando el avión está próximo a aterrizar o está en el despegue. Sin embargo, cuando la nave está alejada de los aeropuertos, lo que usa para prevenir las turbulencias son los instrumentos que tiene a bordo como los sensores de viento. La vigilancia del viento a nivel superficial y satelital se realiza en todo momento ya que el objetivo es conocer su evolución y prevenir posibles afectaciones en la aviación comercial. El monitoreo lo realiza el personal de meteorología aeronáutica de la DGAC. Ellos se encuentran en cada uno de los aeropuertos del país. Durante la fase de aproximación y aterrizaje, la turbulencia afecta el control de la aeronave.

Cuando hay vientos fuertes y cambios en su dirección e intensidad, se afecta la trayectoria y la energía del avión. Tulcán indica que la estabilidad de la aeronave en esta fase es primordial para una operación segura, por lo que cuando existe turbulencia en un aeropuerto o en su zona de aproximación, la tripulación debe gestionar los recursos tecnológicos y de control de la aeronave para que se mantenga en trayectoria a una velocidad, altitud y ángulo correcto.

Las compañías de aviación han tomado medidas preventivas frente a los fuertes vientos del Aeropuerto Mariscal Sucre de Quito, ubicado en Tababela. Por ejemplo, el personal de LAN Ecuador indica que en lugar de aproximarse por la parte oriental, entre el Ilaló y la ramificación de la Cordillera de Los Andes, los vuelos se acercan por el lado occidental del cerro y aterrizan en la cabecera norte. Esta maniobra se realiza cuando la zona está completamente despejada…

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