La Cámara de Comercio de Lima (CCL) expresa su profunda preocupación por las largas colas, los trámites adicionales, la falta de claridad en los procesos y las dificultades que vienen enfrentando los pasajeros en tránsito por el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, situación agravada por el cobro de la TUUA de transferencia internacional.
Resulta inaceptable que un aeropuerto prácticamente nuevo, presentado como una obra estratégica para el desarrollo del país y llamado a convertirse en uno de los principales hubs de la región, termine ofreciendo una experiencia que desalienta al pasajero a volver a conectar por Lima. Lo que debía ser una vitrina de modernidad, eficiencia y competitividad corre el riesgo de convertirse en una barrera para el crecimiento del turismo, el comercio y la conectividad internacional del Perú.
Además, debe señalarse que la TUUA de transferencia internacional prácticamente no se cobra en ningún aeropuerto a nivel mundial. A ello se suma que esta tasa nunca estuvo contemplada en el contrato original de concesión mediante el cual el operador del aeropuerto obtuvo dicha concesión, lo que genera aún mayores cuestionamientos sobre su aplicación y su impacto en la competitividad del Jorge Chávez.
Las señales son preocupantes: en junio de 2026, los pasajeros en transferencia internacional registraron una caída interanual de 21,41 %. A ello se suman testimonios públicos de viajeros que han señalado que preferirían conectar en otros aeropuertos de la región antes que volver a hacerlo por Lima. Esta situación no puede ser minimizada ni presentada como un problema operativo menor: es una alerta directa sobre la pérdida de confianza en el principal aeropuerto del país.
Mientras otros aeropuertos compiten por atraer rutas, pasajeros y conexiones, Lima corre el riesgo de expulsar a quienes deberían convertirla en su punto natural de tránsito. Si un pasajero debe enfrentar colas, repetir controles, realizar trámites innecesarios o pagar cobros que no comprende para continuar su viaje, la decisión será evidente: buscará otra ciudad, otra aerolínea y otro país para conectar.
Cada pasajero que decide evitar Lima es una oportunidad que pierde el Perú: menos conectividad, menos competitividad, menos ingresos para el sector turismo, menos atractivo para nuevas rutas y una peor imagen frente a potenciales futuros visitantes, inversionistas y socios comerciales…