El transporte aéreo es resiliente. Esa es la lección que nos han dejado los últimos años, en los que la aviación ha atravesado crisis sanitarias, del coste de la vida y geopolíticas. Y vuelve a demostrarlo ahora, frente a los desafíos derivados de la guerra en Irán y su impacto en el combustible. De hecho, la demanda fuera de Oriente Próximo sigue mostrando un comportamiento sólido, reflejando una realidad simple: las personas y las economías dependen de la conectividad. Sin embargo, persisten importantes desafíos y abordarlos exige decisiones estratégicas claras por parte de los responsables políticos.
El conflicto ya ha provocado un incremento significativo del precio del petróleo. El combustible es uno de los principales costes para las aerolíneas y este año se estimaba que representaría en torno al 26%-27% de los costes del sector. Cuando un componente tan relevante aumenta hasta un 85%, supone un reto para la economía de las aerolíneas y para la planificación de sus redes.
A ello se suma la creciente preocupación por el suministro de combustible de aviación como consecuencia de la situación en Irán. A medida que nos acercamos al periodo vacacional en el hemisferio norte, existe el riesgo de que el déficit de suministro provoque escasez de combustible en algunas regiones (probablemente afectando primero a Asia y, después, a Europa). También existe el riesgo de racionamiento, lo que podría dar lugar a la cancelación de algunos vuelos.
Dilemas europeos
Europa afronta desafíos estructurales de más largo recorrido, anteriores al encarecimiento y a la posible escasez de combustible.
El primero es el mandato europeo sobre el uso de combustibles sostenibles de aviación (SAF). Este mandato añade costes de combustible y de cumplimiento normativo, sin contribuir a acelerar la producción de SAF. Los mandatos sólo son de utilidad cuando el suministro del producto en cuestión está garantizado. Con unos niveles de producción de SAF tan bajos en Europa, el mandato se limita a incrementar los costes, que en última instancia asumen las aerolíneas y repercuten en los pasajeros. Un sistema de book and claim, que otorgue mayor flexibilidad a las aerolíneas para abastecerse de SAF, sería un primer paso para minimizar el impacto negativo del mandato.
El segundo desafío es el bloqueo en torno a la reforma del Reglamento EU261 sobre derechos de los pasajeros. Esta situación pone de manifiesto la incapacidad de los responsables políticos europeos para aprender las lecciones del informe Draghi sobre competitividad. Las propuestas sensatas de la Comisión, en particular sobre los umbrales de compensación, han sido ignoradas por el Parlamento Europeo, poniendo en riesgo cualquier mejora significativa. España y Europa en su conjunto seguirán perdiendo competitividad mientras regulaciones como la EU261 sigan añadiendo costes y obstaculizando la conectividad.
El tercero es la implantación del Sistema Europeo de Entradas y Salidas (EES), que modifica la forma en que se gestionan los viajeros extracomunitarios en las fronteras de Europa. Aunque las aerolíneas apoyan el EES y reconocen su papel en el refuerzo de la seguridad de las fronteras Schengen, los problemas operativos aún no resueltos están provocando colas y retrasos significativos para los pasajeros en algunos aeropuertos.
Si no se corrigen, estas disrupciones corren el riesgo de dañar la experiencia del pasajero y la reputación de Europa como destino turístico atractivo. Esto tendría un impacto negativo directo en la economía española: la aviación aporta el 10,9% del PIB y sustenta alrededor de dos millones de empleos, muchos de ellos vinculados al turismo. El sector reclama directrices más claras para los Estados miembros, especialmente sobre cuándo y cómo pueden aplicarse los mecanismos de suspensión del EES, así como una dotación adecuada de personal en los controles fronterizos y el correcto funcionamiento de los quioscos y puertas automatizadas. Para países altamente dependientes del turismo como España, donde la aviación es la principal puerta de entrada de visitantes internacionales, estas medidas son esenciales para evitar retrasos prolongados y disuadir a los viajeros…