Thomas Reynaert, vicepresidente senior de Asuntos Externos de IATA, advirtió en la AGM 2026 en Río de Janeiro que la aviación enfrenta una paradoja: mientras los pasajeros ya superan los niveles pre‑pandemia, las rutas siguen cayendo. Durante su presentación, indicó que el número pasó de 70.174 en 2019 a 68.972 en 2025, una caída de 1.202 conexiones. Solo Europa ha perdido 750 conexiones desde 2019, lo que representa el 62 % de las rutas desaparecidas.
Entre las causas, Reynaert señaló: regulaciones excesivas, impuestos desproporcionados y restricciones de capacidad están frenando la recuperación.
En Europa, la reforma de la normativa EU261 amenaza con elevar los costos de compensación. «La discusión debería centrarse en lo que quiere el pasajero», sostuvo, agregado datos de la encuesta de pasajeros de IATA, que señala que «los pasajeros quieren tener opciones. Los pasajeros quieren llegar a su destino y los pasajeros quieren estar debidamente informados».
Respecto a América Latina, señaló que no es una región fácil, que registra muchas propuestas regulatorias, la mayoría negativas. En total, contabilizan 113 propuestas normativas perjudiciales para la aviación.
Límite de tarifas en Colombia, selección gratuita de asientos y la transferencia de boletos en Perú, y debates sobre el equipaje gratuito en Chile y Brasil, son algunas de ellas.
Respecto a la carga fiscal que enfrenta la aviación, señaló que «más de 60 mil millones de dólares al año para la aviación en términos de impuestos». Y los pasajeros dan cuenta de ello. «El 81% de los pasajeros dice que la aviación está siendo gravada». Y la cifra ha aumentado desde que Savanta, empresa de sondeos independiente, hizo esa pregunta en 2024.
Citó buenos ejemplos, como Suecia que ha decidido abolir su impuesto a los pasajeros. «Se dieron cuenta que el impuesto sobre el transporte de pasajeros iba a afectar seriamente la conectividad. La gente iba a buscar alternativas y que iba a ser perjudicial para la economia sueca», señaló.
Alemania también es otro ejemplo, tras decidir eliminar el impuesto sobre los billetes. La medida entrará en vigor el próximo año.
Sin embargo, en Brasil existe una propuesta para aplicar un impuesto del 26,5% de IVA a los billetes. Se prevé que la demanda disminuya un 30%.
También fue crítico respecto a las limitaciones de capacidad aeroportuaria y de espacio aéreo, señalando que son un obstáculo directo para la conectividad y la competitividad de la aviación. El desarrollo de la infraestructura aeroportuaria no ha seguido el ritmo del crecimiento de la demanda. «Cuanto más pasajeros vuelen, habrá más aviones volando», agregó.
Como ejemplo, mencionó el caso de Schiphol (Países Bajos), donde se impusieron límites de vuelos pese a que el aeropuerto cumplía con los objetivos de ruido. Para Reynaert, estas restricciones son un ejemplo de políticas que reducen capacidad sin justificación técnica. «Necesitamos volver al enfoque equilibrado».
Otro punto citado fue la armonización de las normas sobre franjas horarias. «Debemos atenernos a las directrices mundiales de franjas horarias en los aeropuertos. Es la manera más honesta de asignar slots a las aerolíneas, y también permite la entrada de nuevos competidores», señaló.
Respecto a la eficiencia del espacio aéreo, señaló que las reformas del espacio aéreo destinadas a aumentar la capacidad y el rendimiento se ven frenadas por motivos políticos, no por obstáculos técnicos. Mientras que en Estados Unidos trabajan para que la FAA sea más eficiente, en Europa, los retrasos se han duplicado en la última década por falta de reformas políticas.
La regulación de datos fue otro de los puntos citados. La fragmentación normativa supone un riesgo para la conectividad aérea.
«Las normas de privacidad son algo bueno, y no deberíamos eliminar esas reglas», dijo y detalló que el punto es que los gobiernos deben reconocer entre sí que estas normas también son aplicables a la aviación, «y por supuesto nuestro negocio implica cruzar fronteras constantemente, por lo que necesitamos aplicar estas normas de privacidad». El problema radica en que las aerolíneas deben cumplir con más de 160 leyes de privacidad diferentes, que a menudo se aplican simultáneamente a un mismo viaje, lo que genera incertidumbre jurídica, complejidad operativa y posibles limitaciones en el servicio. Los gobiernos deben armonizar sus políticas con los principios de la OACI.