En un nuevo Opinions Blog de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA, por sus siglas en inglés), Marie Owens Thomsen, su vicepresidenta sénior de Sostenibilidad y economista jefe, se refiere a Europa y el Sistema de Comercio de Emisiones (ETS, por sus siglas en inglés).
Europa ya ha pasado por esto antes. En 2008, una Directiva de la Unión Europea intentó ampliar su Sistema de Comercio de Emisiones (ETS) a la aviación internacional más allá del espacio aéreo europeo. Esto desencadenó una fuerte oposición por parte de gobiernos de todo el mundo. Hasta que Europa dio marcha atrás en 2012, este fue uno de los conflictos más controvertidos de la aviación internacional.
Generó un gran nivel de confrontación, pero lo que vino después fue trascendental. Los gobiernos lograron unirse en el marco de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) y acordaron en 2016 el Plan de Compensación y Reducción de Carbono para la Aviación Internacional (CORSIA). Fue un hito histórico: el primer mecanismo global de mercado, aplicable a todo un sector, para abordar las emisiones de carbono. Europa puede atribuirse parte del mérito por haber contribuido a que esto fuera posible.
La lección de 2012 no fue que hubiera que reducir la ambición climática. Fue que los mejores resultados se obtienen mediante soluciones globales.
El transporte aéreo conecta diariamente países, economías y comunidades. En ese contexto, CORSIA —la solución global acordada— proporciona certidumbre, coherencia y estabilidad a largo plazo. Al adoptar CORSIA, los gobiernos reconocieron la superioridad de una solución global frente a un mosaico de medidas regionales superpuestas. Optaron por la cooperación en lugar de la fragmentación y lograron uno de los avances más importantes en la política climática de la aviación.
La semana pasada, la Comisión Europea propuso ampliar el alcance «doméstico» del ETS de la UE, invadiendo el ámbito internacional que corresponde a CORSIA. La propuesta plantea que el ETS de la UE cubra todos los vuelos con destino a lugares situados dentro de un radio de 5.000 km del centro geográfico de Europa. Independientemente de la distancia propuesta, esto constituye una extralimitación de carácter extraterritorial, contradice el acuerdo de CORSIA que los propios europeos ayudaron a crear y resulta tan inaceptable hoy como lo fue en 2012.
Los objetivos que suponemos que todos persiguen son lograr la mayor reducción posible de las emisiones de CO₂, lo más rápido posible y al menor coste posible. La fragmentación, la duplicación de medidas y el cambio constante de las reglas del juego no permitirán alcanzar esos objetivos. Si hay alguien que debería saberlo, es precisamente la Unión Europea, que ha obtenido enormes beneficios de la integración, la creación de una moneda común y la armonización de normas y regulaciones. Resulta difícil comprender por qué la UE querría impulsar iniciativas que obstaculizan esos mismos beneficios a escala internacional.
IATA seguirá respaldando la plena implementación de CORSIA y oponiéndose a todas las iniciativas unilaterales locales y regionales que socaven la propia gobernanza de la aviación civil mundial. Europa dispone de un amplio margen para ejercer liderazgo en materia de políticas climáticas; simplemente procuremos que ese liderazgo no se ejerza promoviendo las iniciativas equivocadas.