Chile ha logrado importantes avances en la exportación de flores gracias a la apertura de nuevas rutas aéreas que han permitido llegar a mercados estratégicos en Latinoamérica y más allá, según reporta Diario Financiero. En 2025, se concretaron los primeros embarques de peonías frescas a Sao Paulo y posteriormente a México, tras un proceso fitosanitario que normalmente tarda siete años y que en este caso se completó en solo 18 meses. Estas operaciones buscan posicionar la flor chilena en el segmento de lujo y diversificar los destinos más allá de Estados Unidos y Países Bajos, que concentran actualmente el 98,6% de las exportaciones.
Desde los valles centrales hasta la región de Aysén, la floricultura chilena está en auge. En 2024, las exportaciones de flores frescas alcanzaron US$ 17,3 millones, un crecimiento del 47% respecto al año anterior. Este dinamismo ha permitido a Chile escalar 16 posiciones en la última década, ubicándose en el lugar 30 del ranking mundial de exportadores.
La industria enfrenta el desafío de reducir la concentración del mercado: la peonía representa 92,5% del valor exportado. Para ello, sectores público y privado han impulsado una estrategia de diversificación que comienza a mostrar resultados concretos, tanto en Latinoamérica como en mercados no tradicionales como Dubái, Kazajistán y Rusia, donde los retornos por kilo superan ampliamente los de Estados Unidos.
La logística es un factor crítico en el negocio: el flete aéreo y mantener la cadena de frío entre 1°C y 3°C es vital para evitar pérdidas por deterioro. Según productores como Vicente Darraidou, de SurdeFlores, un quiebre en la cadena de frío puede arruinar la flor en horas.
A nivel competitivo, Chile sigue importando flores, principalmente de Colombia y Ecuador, pero su ventaja radica en la contraestación y la calidad, produciendo cuando el hemisferio norte no tiene flores y extendiendo la ventana comercial de septiembre a enero.
Con cerca de 200 hectáreas plantadas y una inversión que bordea los $70 millones por hectárea, la floricultura chilena se profesionaliza rápidamente y proyecta dejar de ser un nicho para convertirse en un actor relevante en el mercado global.