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¿Por qué casi no hay vuelos transoceánicos en el hemisferio sur?
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¿Por qué casi no hay vuelos transoceánicos en el hemisferio sur?

Cuando uno entra en portales como Flightradar 24 para ver en tiempo real los aviones en vuelo surgen dos detalles: el hemisferio norte parece un puente de pequeñas aeronaves amarillas, sobre todo en el Atlántico. Pero en el sur, con suerte se ve algún avión solitario cruzando la masa oceánica.

¿Por qué sucede esto?

Razones geográficas y culturales
La respuesta más lógica es la geográfica: en el hemisferio norte se concentra el 67,3% de la masa continental, unos 100 millones de km2, frente a los 32,7% de las tierras del sur; entre las que se incluye la Antártida, donde no hay más residentes que unos pocos cientos de científicos.

Como tal, también hay un factor demográfico: el 88% de la población mundial vive por encima de la línea del Ecuador.

Y si bien en el sur hay grandes ciudades como São Paulo, Rio de Janeiro, Buenos Aires, Sídney, Ciudad del Cabo o Johannesburgo, el tráfico entre ellas es mínimo, o en muchos casos nulo (excepto las que están en el mismo continente).

Esto último tiene más que ver con las raíces culturales e históricas de estas metrópolis: los residentes de Brasil, Chile, Argentina, Australia o Sudáfrica tienen más en común con España, Portugal o Gran Bretaña que con los de otros puntos del hemisferio.

Y entre los estados del África subecuatorial con los de Sudamérica o los de la Polinesia, prácticamente no hay ninguna ligazón.

El desafío tecnológico
Claro que hay aviones que tienen la capacidad tecnológica para poder realizar las pocas conexiones transoceánicas del hemisferio sur, pero hay un detalle técnico que las aerolíneas deben resolver.

Los vuelos que unen a Australia y Nueva Zelanda con Sudamérica lo hacen bordeando el territorio antártico, pero solo pueden hacerlo las aeronaves autorizadas para las operaciones comprendidas en el ETOPS (acrónimo que se traduce como normas de rendimiento operativo de bimotores en vuelos largos).

Estos son normas de la Organización de Aviación Civil Internacional que permiten que algunos tipos de aviones puedan realizar rutas de largo recorrido sin ningún aeropuerto cercano por más de 60 minutos.

Pero no basta con la certificación de una nave: también tiene que estar habilitada la tripulación.

Porque si un bimotor vuela a través de la masa helada de la Antártida, y una de las turbinas falla, no hay ningún aeropuerto en cientos (o miles) de kilómetros a la redonda donde aterrizar de emergencia. Lo mismo vale para esos desiertos de agua que son el Pacífico sur y el Índico.

Pero un puñado de aerolíneas sí se atreven a cruzar los océanos del sur y son estos, según precisa un relevamiento de The Points Guy.

Entre África y Sudamérica
Dos países lusoparlantes del Atlántico sur, Angola y Brasil, están unidos por los vuelos de la aerolínea africana TAAG, una de las pocas que tiene servicio de primera clase sin pertenecer a ninguna alianza.

El trayecto de 7.408 km entre Luanda y São Paulo es operado con Boeing 777-300LR, y hasta hace poco había otro servicio a Rio de Janeiro.

Latam y South African Airways unen a São Paulo con Johannesburgo: la primera con los nuevos A350-900 y la segunda con los A330, en vuelos que duran 8,45 horas hacia el este y una hora más en el sentido inverso.

Buenos Aires supo contar con vuelos directos a Sudáfrica, pero tanto South African Airways (que llegaba a Johannesburgo) y Malaysia Airlines (que tenía la ruta Kuala Lumpur-Ciudad del Cabo-Buenos Aires) abandonaron las conexiones…

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