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No hay ninguna duda del potencial turístico de Venezuela. Pero una cosa es poder ser y otra es ser una potencia turística. Estamos lejos de esa opción. Sin duda tenemos factores fundamentales para desarrollarlo como son la naturaleza y recursos humanos, pero carecemos de muchos otros requisitos como por ejemplo, infraestructura adecuada, capacidad hotelera de nivel, seguridad y una polí­tica que vea al turismo como una herramienta para la generación de empleos, de riqueza y sobre todo como una opción para el desarrollo y para superar la dependencia sobre el petróleo.

Muchos países nos demuestran todos los años la incidencia en su PIB del sector turismo. La mayoría de estos hacen un gran esfuerzo por cada vez mejorar su infraestructura, incentivar al sector hotelero y sobre todo en educar a la población en la importancia de este segmento de la economía para su desarrollo.

Es un lugar común calificar a Venezuela como un país privilegiado para desarrollar el turismo. Pero cada vez observamos cómo nuestra realidad más que acercarnos nos aleja de ese potencial. Solo pensemos en nuestros vecinos del Caribe. La mayoría de estos países han logrado avanzar en el desarrollo turístico y se han aprovechado de la demanda que se produce desde Europa y Estados Unidos. Esto ha sido gracias a polí­ticas públicas permanentes y de largo aliento en donde tanto los sectores oficiales como privados, agarrados de la mano, se proponen mejorar la oferta, educar a sus pobladores y sacarle provecho a las ventajas que su geografía ofrece. Ahora bien, Venezuela tiene sin duda mucho más que ofrecer como conjunto que la mayoría de esos países y sin embargo nuestros números se alejan de mercados más pequeños pero competitivos.

Si el gobierno nacional aspira a impulsar de verdad el turismo como una opción para el crecimiento económico tiene que tomar las riendas en una seria de actuaciones de otros organismos que inciden en la posibilidad de atraer el turismo extranjero y hacerlo viable de igual manera para el consumidor nacional. Por ello, el ministerio encargado de esa cartera tiene que desarrollar un plan nacional de la mano de nuestros expertos y con poder suficiente para obligar a otros actores públicos para que faciliten el desarrollo de esta polí­tica.

La inseguridad, la infraestructura vial, la protección ambiental e incentivar el desarrollo hotelero son objetivos centrales. Además, la facilitación aérea, náutica y resolver el tema de las divisas es fundamental para fomentar confianza en el país como destino turístico. Venezuela se ha convertido para el extranjero en uno de los países más caros dada la paridad cambiaría además de la incertidumbre que produce la actuación oficial indiferente hacia el turista extranjero y la falta de colaboración de la población que no reconoce las ventajas para el país que tiene el desarrollo del sector. Sin duda, en los últimos años el Gobierno ha hecho muy poco para impulsar adecuadamente este nicho tan exigente.

Si el actual jefe de la cartera efectivamente quiere dejar una huella positiva para el país allí­ tiene una gran oportunidad. Se requiere apertura, capacidad para escuchar y poder polí­tico para que promulguen las medidas necesarias para incentivar al sector privado.

Tenemos la mayoría de los factores que se requieren para que Venezuela sea un polo turístico. Otra deuda pendiente del Estado que permitió a lo largo de los años que empresas y personas comprometidas con el sector fueran perdiendo interés y motivación ante las adversidades que ahogan el potencial que tiene el país en materia turística.

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