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Esta madre entregó su hijita a un desconocido en un aeropuerto. Era la única forma de salvarle la vida
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Esta madre entregó su hijita a un desconocido en un aeropuerto. Era la única forma de salvarle la vida

Sierra Leona es un pequeño país en la costa occidental de África que durante la última década del siglo XX sufrió una cruenta guerra civil con cientos de miles de muertos. Quizá recuerde los diamantes de la sangre, los niños soldado, o las imágenes de terribles amputaciones con machetes. Aquel conflicto finalizó en 2002, pero un año después el país entero seguía hecho trizas. Aun así, “de la nada”, Zainab Sesay decidió abandonar Estados Unidos y trasladarse unos meses allí para enseñarle a su hija su madre patria.

Maya Hughes, que entonces tenía cinco años, relató el pasado viernes en Twitter lo ocurrido. Su madre, Zainab Sesay, había dejado Sierra Leona cuando tenía 11 años, y había crecido, se había casado y había encontrado trabajo en Maryland, según reporta el diario The Washington Post. Decidió regresar por seis meses, según cuenta su hija, pero a los cuatro meses la niña se encontró en una decisión “de vida o muerte”. Tenía que salir del país, y tenía que hacerlo de inmediato.

El problema es que su madre no podía viajar con ella, así que intentó encontrar a un familiar, amigo o conocido que fuera a viajar a Estados Unidos para llevarse a la niña. “Pero por supuesto todo el mundo tenía una excusa”, relata Hughes.

La mujer acudió al aeropuerto de Lungi, y allí preguntó a los trabajadores qué viajeros se dirigían a Estados Unidos: a cualquier ciudad, pero a Estados Unidos. Le respondieron que no podían darle esa información, que era confidencial, pero sigilosamente le señalaron un hombre blanco que esperaba solo en una esquina.

Tom Perriello tenía entonces 29 años y estaba devastado: formaba parte del equipo del Tribunal de Derechos Humanos de Naciones Unidas que estaba juzgando los crímenes de la guerra civil, pero tenía que volar a Charlottesville (Virginia) porque su abuela (la última que quedaba con vida) había muerto.

“Le dije, ‘estoy a punto de hacerle una pregunta loca, ¿puede viajar con mi hija?”, explica Sesay. La seguridad de la niña dependía de ello.

“Fue una de las experiencias más locas de mi vida”, ha explicado el hombre en Twitter, que reconoce que fue “impulsivo” pero no tanto: temeroso de que pudiera ser una estafa, hizo llamadas para corroborar la historia. Luego aceptó.

“Y ya, fue la última vez que vi a ese hombre”, explica Sesay, “le saludé, no le di ninguna papel, información, número de teléfono”. En Virginia debía estar esperando la abuela de la niña para recogerla.

Pero el vuelo no fue fácil: la niña lloraba, aterrada de no volver a ver a su madre, así que el hombre decidió cantarle. Es de lo poco que Hughes dice recordar, el miedo y las canciones, y que “él nunca perdió la paciencia conmigo”.

En Virginia, en cuanto la abuela recogió a la niña, el hombre desapareció, porque, explica, no quería interferir en el emotivo reencuentro familiar.

Durante 15 años, no volvieron a saber de él. No sabían cómo encontrarlo, no sabían dónde ir para darle las gracias. Hasta que, hace unos días, Sesay fue a visitar a un primo que trabajaba para Naciones Unidas y él le preguntó si había llegado a ponerse en contacto con Tom Perriello.

La mujer no sabía quién era ese Tom Perriello ni por qué habría de ponerse en contacto con él. Fue la última en enterarse. Perriello, al volver al trabajo, había contado la historia de lo ocurrido a sus compañeros, y así llegó eventualmente a oídos del primo de Sesay, que estaba al corriente de lo ocurrido en su familia. Así que la mujer le envió un correo electrónico a Perriello… y “¡era él!”…

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