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Turismo cinematográfico: Latinoamérica y el poder del plano
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Turismo cinematográfico: Latinoamérica y el poder del plano

Filmes y series funcionan como guías de viajes. Lo confirman los 80 millones de turistas que se movilizan anualmente estimulados por lo que ven y viven gracias al séptimo arte. Rodajes, festivales, exhibición y viajes podrían ir de la mano en Latinoamérica -como ocurre en Europa o Estados Unidos- si los gobiernos entendieran que con leyes e incentivos económicos pueden crearse polos audiovisuales que hagan girar la rueda. Este es uno de los temas analizados en la revista especial de HOSTELTUR LATAM para FITUR.

Producciones audiovisuales han puesto en el mapa destinos impensados para vacaciones, pero en Latinoamérica el turismo cinematográfico todavía no está instalado. Son pocos los países que aplican políticas de incentivos para ser elegidos como locaciones. Aprovechar el poder del audiovisual para fomentar otras industrias debería ser prioridad.

Un lugar en el mundo
En la posibilidad de diversificar la oferta radica el valor del turismo cinematográfico así como en la desestacionalización, porque con una correcta promoción y explotando circuitos temáticos pueden equilibrarse temporadas bajas y altas.

El poder de la pantalla también permite hacer de pueblos sin atractivos culturales o paisajísticos un perfecto destino turístico. Un ejemplo es Albuquerque, en el Estado de Nuevo México. Con Breaking Bad dejó de ser una ciudad de paso en la mítica Ruta 66, para recibir anualmente a 5,6 millones de turistas que pagan 70 dólares por tour.

Nueva Zelanda le debe su explosión turística al Señor de los Anillos y El Hobbit y, aunque el caso es distinto, Games Of Thrones dio origen a un circuito por Irlanda del Norte, Escocia, Marruecos, Malta, Croacia y España.

Estrategias de incentivo
Desde 2012 el Fondo Fílmico Colombia devuelve un porcentaje de los gastos por servicios cinematográficos y logísticos. El Patrón del Mal y Narcos lo aprovecharon y aunque el país buscó despegarse de la imagen de inseguridad, por lo bajo se reconoce que este contenido generó más turismo. Para compensar, Medellín está desplegando una estrategia de resiliencia rediseñando espacios y tours que honran a las víctimas del narcotráfico y no a Pablo Escobar.

Más al sur, Bolivia aprobó recientemente una ley para regular las licencias de filmación y atraer rodajes. El Salar de Uyuni fue elegido para “Star Wars VIII: Los últimos Jedi” y con esta nueva normativa apuestan a seguir posicionando internacionalmente sus paisajes, principalmente porque el país no llega a 1,5 millones de turistas extranjeros.

Si Argentina tuviera una ley similar “es inimaginable la cantidad de destinos turísticos que podrían renacer”, asegura Sergio Vainman, miembro de la Sociedad General de Autores de Argentina (Argentores). “Falta visión de los Ministerios” –dice- ya que “esto derrama un dinero importante al momento de filmar y la promoción del lugar significa mayor afluencia turística”.

Argentina tiene que rodar
En Argentina, con el impulso de Argentores, se espera que el Congreso apruebe la Ley para Fomento Audiovisual que plantea financiación, exenciones impositivas y facilidades en créditos blandos, entre otros. El proyecto fue presentado en septiembre de 2017, pero si no se trata perderá estado parlamentario este año. En consecuencia, la industria audiovisual acrecentará su crisis y el Estado se perderá el retorno que implica contar historias en las cataratas, los glaciares, el mar o las montañas del país.

“Pretendemos que la gente de turismo entienda la importancia de esta ley de fomento audiovisual, porque esa sinergia funciona muy bien en todas partes del mundo”, sostiene Sergio Vainman, afirmando que poner en pantalla a las provincias de Argentina “las beneficiará” y también a los operadores turísticos, “por la difusión a nivel mundial y porque todavía hay plazas por descubrir por los propios argentinos”…

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